domingo, 3 de noviembre de 2013

Nutrámonos de tu intelectualidad, y vivamos de tu sana imprevisibilidad

Cerraré los ojos a tu salud, Ezra Pound, pues esta noche es todo lo que necesito para dormir, y mañana, todo lo que necesitaré para despertar.

Descansa, maestro, pues estamos cansados,
cansados, y podríamos sentir los dedos del viento
sobre los párpados que se nos cierran
húmedos y con peso de plomo.

Descansa, hermano, pues ¡ved! ¡el alba!
Palideció la llama amarilla
y con lentitud la cera se derrite.

Libéranos, pues parecemos
en esta siempre fluyente monotonía
de feas marcas de impresión,
negras sobre el blanco pergamino.

Libéranos, porque hay alguien
cuya sonrisa es más provechosa
que todo el viejo saber de tus libros,
y allí nos gustaría verla


Buenas noches, Sevilla.

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